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Este estudio, realizado a propuesta del sindicato USO en el marco de la campaña del 8M, estudia la existencia, pero también la persistencia, de la brecha salarial de género en el mercado laboral español aportando un desglose por sectores productivos, comunidades autónomas y un focus en la corresponsabilidad y los cuidados.

En 2024 (últimos datos disponibles), la diferencia salarial entre hombres y mujeres fue del 18,8%. Esta brecha no es producto únicamente de las diferencias salariales directas, sino también de la segregación horizontal, las condiciones en el empleo y la segregación vertical.

Analizando la distribución por tramos salariales, nos encontramos con el fenómeno del “suelo pegajoso”, es decir, la sobrerrepresentación de las mujeres en las horquillas más bajas de la distribución. Así, el 43% de las mujeres percibe, como mucho, el salario mínimo interprofesional.

En los tramos altos, la desigualdad se mantiene, apareciendo el llamado “techo de cristal”, que refleja la existencia de barreras que dificultan a las mujeres el acceso a puestos de mayor jerarquía y responsabilidad, y, por tanto, de mayor remuneración. 

El problema no es tan sólo de entrada al mercado laboral, sino de progresión. Conforme se incrementan las obligaciones familiares, asumidas mayoritariamente por las mujeres, éstas se ven obligadas a renunciar a numerosas oportunidades laborales. Cuando los cuidados no se reparten de manera equilibrada, se generan patrones que afectan a la brecha de género: las reducciones de jornada, las excedencias y la segmentación interna son medidas que las mujeres se ven obligadas a adoptar en mayor proporción y que tienen un impacto claro en el salario y en la carrera profesional.

Otro factor explicativo de la brecha salarial es el efecto composición: el empleo de las mujeres se concentra en mayor medida en sectores con salarios medios más bajos y con mayor parcialidad. Esto se debe a que el mercado infravalora las actividades históricamente feminizadas, sin tener en cuenta el valor que realmente aportan.

Pero incluso en sectores con una presencia equilibrada, como el financiero, la brecha salarial es del 28%, la segunda más elevada por segmentos económicos, siendo especialmente preocupante al ser la rama de actividad que presenta el mayor salario medio anual (+103% respecto al SMA). 

La conclusión es clara: la brecha salarial de género es una realidad estructural que se da ya desde el comienzo de la vida laboral y se vuelve más pronunciada a medida que la corresponsabilidad va perdiendo letras y se va transformando en “responsabilidad”.

"Brecha salarial de género por sectores productivos".

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